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Dos cifras circulan como si fueran datos establecidos: que el óxido de magnesio se absorbe “apenas 4 %” y que el bisglicinato se absorbe “entre 80 y 90 %”. La primera sí existe en la literatura: viene de un estudio de 2001 que estimó la biodisponibilidad por el incremento de magnesio en orina de voluntarios sanos [2]. La segunda no aparece en ninguno de los trabajos de biodisponibilidad que abrimos para escribir esto; el único estudio humano que localizamos que midió la absorción del quelato de glicina con un isótopo estable reportó 23.5 %, y lo hizo en 12 pacientes con resección ileal [4]. Y el factor que más mueve la absorción no es la sal, sino cuánta cantidad llega al intestino de una sola vez, porque el transporte se satura [1] [8].
De dónde sale realmente el 4 % del óxido
El origen del número es rastreable. Firoz y Graber compararon en 2001 cuatro preparaciones comerciales estadounidenses —óxido, cloruro, lactato y aspartato de magnesio— en voluntarios normales que recibieron aproximadamente 21 mEq al día de cada una, y midieron la biodisponibilidad como el incremento de la excreción urinaria de magnesio [2]. El resultado para el óxido fue, textualmente, “fractional absorption 4 per cent”. Ahí nace la cifra.
La conclusión completa del mismo trabajo apunta en otra dirección: “Inorganic magnesium salts, depending on the preparation, may have bioavailability equivalent to organic magnesium salts” (las sales inorgánicas de magnesio, según la preparación, pueden tener una biodisponibilidad equivalente a la de las sales orgánicas). El estudio del que sale esa cifra se planteó justamente para poner a prueba la idea de que las sales orgánicas se absorben mejor, y no la confirmó como regla: de las tres preparaciones que superaron al óxido, una —el cloruro— es inorgánica. El abstract tampoco reporta cuántos participantes hubo, lo que ya es una limitación para considerar ese 4 % una constante física.
El 80–90 % del bisglicinato: qué encontramos al buscar el estudio
La medición humana más directa que existe sobre el quelato de glicina es de 1994. Schuette y colegas hicieron un ensayo doble ciego, aleatorizado y cruzado en 12 pacientes con resección ileal, comparando 100 mg de magnesio marcado con el isótopo estable 26Mg en forma de diglicinato de magnesio contra óxido de magnesio [4]. Para el grupo completo, la absorción fue baja y no difirió entre ambos: 23.5 % para el quelato frente a 22.8 % para el óxido.
El mismo estudio contiene un hallazgo que apunta en dirección contraria y que conviene no esconder: en los cuatro pacientes con mayor deterioro de la absorción con óxido, el quelato sí absorbió significativamente más (23.5 % frente a 11.8 %; p < 0.05), el pico de enriquecimiento isotópico ocurrió antes (diferencia media de 3.2 ± 1.3 horas; p < 0.05) y el área bajo la curva fue mayor (p < 0.05). Los autores concluyen que una parte del diglicinato se absorbe intacta, probablemente por una vía de transporte de dipéptidos: un mecanismo plausible y medido. Pero la población fueron pacientes con intestino resecado, no adultos sanos, y el número más alto que produjo el experimento fue 23.5 %.
Fuera de ahí, el rastro se enfría. La revisión de 2017 dedicada a la absorción intestinal del magnesio no discute el glicinato ni el bisglicinato como formas diferenciadas, y cierra con que “it remains unclear which Mg2+ binding form produces the highest bioavailability” (sigue sin estar claro qué forma de unión del magnesio produce la mayor biodisponibilidad) [6]. Y el trabajo de 2019 que sí incluyó glicinato de magnesio —junto con citrato, malato y acetil taurato— se hizo en ratones BALB/c y midió magnesio en tejidos, no absorción fraccional en personas [7].
No encontramos, entonces, ninguna medición en humanos que respalde un 80–90 % para el bisglicinato. No afirmamos que ese estudio no exista en algún rincón de la literatura; sí que no lo recoge la revisión más específica del tema [6].
La variable que más mueve la absorción no es la sal
Aquí sí converge la evidencia: dos fuentes independientes describen el mismo patrón —el experimento de 1991 [1] y el capítulo de referencia del Institute of Medicine [8]—, y es un patrón más firme que cualquier comparación entre sales: la absorción fraccional cae conforme sube la cantidad ingerida.
Fine, Santa Ana, Porter y Fordtran lo midieron en 1991 en sujetos normales que tomaron una comida estándar suplementada con 0, 10, 20, 40 y 80 mEq de acetato de magnesio [1]. La absorción absoluta aumentó con cada incremento, pero la fraccional bajó progresivamente del 65 % en la ingesta más baja al 11 % en la más alta. Los datos se ajustan a un modelo de dos componentes simultáneos: un mecanismo que alcanza un máximo absortivo y otro que absorbe indefinidamente una fracción fija, del 7 %, de lo ingerido.
El capítulo sobre magnesio de las Ingestas Dietéticas de Referencia del Institute of Medicine describe el mismo patrón como propiedad general del nutrimento: “In both children and adults, fractional intestinal magnesium absorption is inversely proportional to the amount of magnesium ingested” (tanto en niñez como en edad adulta, la absorción intestinal fraccional del magnesio es inversamente proporcional a la cantidad ingerida) [8]. En estudios de balance con dieta controlada, una ingesta media de 380 mg diarios dio una absorción neta de 40 a 60 %, con absorción verdadera de 51 a 60 % según el alimento; con ingestas de 550 a 850 mg al día la absorción neta estimada cae a 15–36 %.
La implicación es incómoda para el 80–90 %: una absorción fraccional de ese tamaño en una toma del tamaño de un suplemento es difícil de reconciliar con estos datos de balance, para cualquier sal.
Qué sí cambió la absorción en estudios humanos
Dos cosas mostraron efecto medible, y ninguna es la que vende la etiqueta.
La forma farmacéutica. En el mismo experimento de 1991, el magnesio de un alimento rico en el mineral —almendras— resultó tan biodisponible como el del acetato de magnesio soluble, mientras que la absorción a partir de un cloruro de magnesio comercial con recubrimiento entérico fue mucho menor que la del acetato, lo que sugiere que ese recubrimiento puede afectar la biodisponibilidad [1]. La sal pertenecía a la misma familia inorgánica; lo que cambió fue cómo estaba formulada.
La solubilidad. Blancquaert y colegas evaluaron in vitro 15 formulaciones comerciales con un simulador del ecosistema microbiano intestinal humano y pruebas de disolución, y luego llevaron a 30 personas (15 hombres y 15 mujeres) a un diseño cruzado y aleatorizado con tres condiciones en días distintos —una tableta del producto mejor predicho (196 mg de magnesio elemental), dos tabletas del mismo (392 mg) y una tableta del peor predicho (450 mg, óxido solo)—, con muestreo de sangre hasta 6 horas [5]. El incremento máximo de magnesio sérico fue de +6.2 % con una tableta y +8.0 % con dos, frente a +4.6 % del óxido, y el área bajo la curva de 6.87 y 6.80 frente a 0.31 mM·min: duplicar el contenido no movió el resultado, lo que descarta que la diferencia venga de la cantidad declarada. La frase clave es “The in vivo Mg bioavailability was not related to the Mg content of the supplements, but rather to the in vitro solubility and bioaccessibility” (la biodisponibilidad in vivo del magnesio no se relacionó con el contenido de magnesio de los suplementos, sino con la solubilidad y bioaccesibilidad in vitro).
Ese estudio tampoco prueba que las formas orgánicas ganen, y son los propios autores quienes lo anotan: “no organic magnesium supplement was tested in vivo” (ningún suplemento de magnesio orgánico se probó in vivo). Los productos que llegaron a humanos fueron uno con óxido más glicerofosfato de magnesio y otro con óxido solo. Lo que comparó fue solubilidad, no naturaleza orgánica.
La evidencia que sí favorece a las formas orgánicas
Sería deshonesto quedarse solo con lo anterior. Walker y colegas publicaron en 2003 un estudio aleatorizado y doble ciego en 46 personas sanas que recibieron 300 mg diarios de magnesio elemental durante 60 días, como citrato, como quelato de aminoácidos o como óxido, frente a placebo [3]. El citrato produjo la mayor concentración media de magnesio sérico tanto tras la toma aguda (P = 0.026) como tras la suplementación crónica (P = 0.006), y también el mayor magnesio salival (P = 0.027). Agrupadas, las dos formas orgánicas superaron al óxido por excreción urinaria a los 60 días (P = 0.033), y el óxido no mostró diferencias frente al placebo.
Dos precisiones cambian la lectura. El estudio nombra esa forma como amino-acid chelate, quelato de aminoácidos, y no la identifica como bisglicinato: atribuirle este resultado al bisglicinato es cambiar la molécula. Y en magnesio eritrocitario no se detectaron diferencias entre grupos, o sea que la ventaja apareció en marcadores de corto plazo y no en el compartimento celular. Puesto junto con Firoz y Graber, el patrón defendible es que el óxido tiende a quedar por debajo del resto en varias mediciones independientes, mientras que entre las demás formas la jerarquía sigue sin resolverse.
Por qué estas cifras son tan difíciles de medir
La revisión de 2017 explica por qué el campo no converge [6]. El magnesio plasmático está sometido a una homeostasis rápida, lo que vuelve poco fiables los métodos directos basados en suero. En los estudios de balance químico, la excreción fecal del mineral no puede relacionarse estrictamente con la ingesta. Y en los métodos isotópicos, los dos isótopos utilizables, 25Mg y 26Mg, son muy abundantes en la naturaleza, lo que reduce la sensibilidad del ensayo. Los autores recogen además que algunos estudios encontraron una biodisponibilidad ligeramente mayor de las sales orgánicas en condiciones estandarizadas y otros no.
La consecuencia es directa: tres estudios pueden decir que miden “absorción” usando tres cosas distintas —orina, suero, isótopo marcado— y no ser comparables. Cuando una página cita un porcentaje sin decir con qué método se obtuvo, en cuántas personas y con qué cantidad, ese número no describe nada verificable.
Qué implica esto en el plato
El mismo capítulo del Institute of Medicine recuerda que las verduras de hoja verde son ricas en magnesio porque la clorofila es un quelato de magnesio, que los granos no refinados y las nueces también tienen contenido alto, y que los alimentos refinados son los que menos aportan [8]. El hallazgo de las almendras encaja con esto: el magnesio de un alimento entero no partió con desventaja frente a una sal soluble.
Qué sigue sin demostrarse
- No localizamos un estudio con isótopos estables que compare bisglicinato contra citrato en adultos sanos con la misma cantidad de magnesio elemental. Ese es el experimento que zanjaría la discusión, y no está hecho o no es público.
- El único dato humano isotópico del diglicinato es de 1994, en 12 pacientes con resección ileal: población pequeña y no representativa de un adulto sano. La comparación del glicinato con otras formas está hecha en ratones.
- No está establecido que las diferencias de absorción entre formas se traduzcan en diferencias del estado corporal de magnesio a mediano plazo: en el estudio de 60 días no hubo diferencias en magnesio eritrocitario.
En corto
- El 4 % del óxido tiene un origen real —un estudio de 2001 con medición urinaria en voluntarios sanos—, pero ese mismo trabajo concluye que las sales inorgánicas pueden igualar a las orgánicas según la preparación.
- El 80–90 % del bisglicinato no tiene, entre lo que pudimos verificar, un estudio humano detrás. La única cifra humana medida con isótopo para el diglicinato es 23.5 %, obtenida en 12 pacientes con resección ileal — una población con absorción deteriorada, no adultos sanos.
- La absorción fraccional depende sobre todo de la cantidad ingerida: del 65 % al 11 % conforme sube la carga, con un componente fijo del 7 %.
- La solubilidad y el recubrimiento del comprimido movieron la absorción en humanos; el contenido declarado de magnesio elemental, por sí solo, no la predijo.
Para seguir leyendo
Si te interesa cómo se estudia la absorción en otros compuestos del catálogo, puedes ver creatina y magnesio y absorción y pureza de la creatina 200 mesh.
Fuentes
- Fine KD, Santa Ana CA, Porter JL, Fordtran JS (1991). Intestinal absorption of magnesium from food and supplements. Journal of Clinical Investigation, 88(2):396-402. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/1864954/
- Firoz M, Graber M (2001). Bioavailability of US commercial magnesium preparations. Magnesium Research, 14(4):257-262. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11794633/
- Walker AF, Marakis G, Christie S, Byng M (2003). Mg citrate found more bioavailable than other Mg preparations in a randomised, double-blind study. Magnesium Research, 16(3):183-191. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14596323/
- Schuette SA, Lashner BA, Janghorbani M (1994). Bioavailability of magnesium diglycinate vs magnesium oxide in patients with ileal resection. JPEN Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 18(5):430-435. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7815675/
- Blancquaert L, Vervaet C, Derave W (2019). Predicting and Testing Bioavailability of Magnesium Supplements. Nutrients, 11(7):1663. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6683096/
- Schuchardt JP, Hahn A (2017). Intestinal Absorption and Factors Influencing Bioavailability of Magnesium-An Update. Current Nutrition & Food Science, 13(4):260-278. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5652077/
- Ates M, Kizildag S, Yuksel O, Hosgorler F, Yuce Z, Guvendi G, Kandis S, Karakilic A, Koc B, Uysal N (2019). Dose-Dependent Absorption Profile of Different Magnesium Compounds. Biological Trace Element Research, 192(2):244-251. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30761462/
- Institute of Medicine, Standing Committee on the Scientific Evaluation of Dietary Reference Intakes (1997). Magnesium. En Dietary Reference Intakes for Calcium, Phosphorus, Magnesium, Vitamin D, and Fluoride. National Academies Press. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK109816/
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