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El bisglicinato de magnesio es una sal orgánica de magnesio en la que un ion Mg²⁺ queda unido a dos moléculas de glicina, el aminoácido más simple que existe. El registro de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos lo describe como magnesium bis(2-aminoacetate), con fórmula C4H8MgN2O4 y peso molecular de 172.42 g/mol [1]. Eso es exactamente lo que el nombre garantiza: una estequiometría, no un efecto. La evidencia humana directa sobre su absorción es escasa: el único ensayo que la midió con isótopo estable, en 1994 y con 12 participantes, no encontró diferencia estadísticamente significativa frente al óxido de magnesio en el grupo completo [2].
La molécula: un magnesio, dos glicinas
La glicina, al perder el protón de su grupo carboxilo, queda como glicinato: un anión con una carga negativa. Como el magnesio en solución es un catión con dos cargas positivas, hacen falta exactamente dos glicinatos para equilibrarlo. De ahí el prefijo «bis-», y de ahí que la literatura registre el mismo compuesto bajo tres nombres intercambiables —bisglicinato, diglicinato y glicinato de magnesio— apuntando al mismo identificador químico [1].
Un cálculo aritmético ayuda a leer etiquetas: si la molécula pesa 172.42 g/mol y el átomo de magnesio aporta unos 24.3 g/mol, el magnesio representa alrededor del 14% de la masa del compuesto puro. Por eso el peso del bisglicinato y el «magnesio elemental» declarado nunca son el mismo número, y confundirlos infla la cifra por un factor de siete.
«Quelado» describe un enlace, no un ingrediente
Buena parte de la confusión en esta categoría viene de tratar «quelado» como si fuera un producto. No lo es: es una descripción de cómo se une el mineral. Un quelato es un complejo en el que la molécula orgánica se ancla al ion metálico por más de un punto de contacto, y la glicina tiene dos candidatos evidentes para hacerlo: el nitrógeno de su grupo amino y un oxígeno de su grupo carboxilo.
Conviene un matiz de honestidad química: la representación canónica del registro público es iónica —dos aniones glicinato y un catión Mg²⁺ listados por separado— y no dibuja enlaces de coordinación [1]. En la práctica, la palabra «quelado» sola en una etiqueta no dice qué aminoácido se usó, en qué proporción, ni si el contenido viene mezclado con otra sal de magnesio.
Cómo entra el magnesio al organismo
Para entender qué puede y qué no puede cambiar una forma química, hay que ver por dónde pasa el magnesio. Es un cofactor de más de 300 reacciones enzimáticas, y cerca del 99% del magnesio corporal está en hueso, músculo y tejidos blandos: apenas un 1% circula en suero, razón por la cual una medición en sangre no refleja bien las reservas totales [3]. De lo que se ingiere, entre 24% y 76% se absorbe en el intestino y el resto se elimina; la mayor parte entra por un mecanismo paracelular pasivo en el intestino delgado, con una fracción minoritaria pero regulatoria que pasa por los transportadores TRPM6 y TRPM7 [3].
Una revisión posterior dedicada específicamente a la absorción intestinal describe el mismo reparto —difusión paracelular pasiva como vía dominante, transporte transcelular activo vía TRPM6/TRPM7— y reporta que con una ingesta diaria de 370 mg la tasa de absorción se sitúa entre 30% y 50%, dependiendo fuertemente del tamaño de la toma [4]. Ese detalle importa más de lo que parece: si la vía dominante es una difusión pasiva no saturable que depende de la concentración de magnesio libre en el lumen, el margen que le queda a la forma química para marcar diferencia es estrecho.
Qué midió el único estudio con isótopo marcado
El estudio que casi siempre se cita para respaldar al bisglicinato es un ensayo doble ciego, aleatorizado y cruzado publicado en 1994. Su población no eran adultos sanos: fueron 12 pacientes con resección ileal, es decir, personas con una porción del intestino delgado removida quirúrgicamente. Cada participante recibió 100 mg de magnesio marcado con el isótopo estable ²⁶Mg, una vez como diglicinato y otra como óxido [2].
Los resultados, con sus números exactos: la absorción fue de 23.5% con el diglicinato frente a 22.8% con el óxido en el grupo completo, una diferencia que no alcanzó significancia estadística. Sí hubo dos hallazgos secundarios significativos: el pico de enriquecimiento isotópico llegó antes con el quelato (diferencia media de 3.2 ± 1.3 horas) y el área bajo la curva fue mayor. Y en el subgrupo de los cuatro pacientes con peor malabsorción, la diferencia sí fue clara: 23.5% frente a 11.8% (p < 0.05). Los autores reportan además que el quelato fue mejor tolerado por todos los pacientes, y cierran con dos conclusiones: que el diglicinato podría ser una buena alternativa en pacientes con resección intestinal, y que sus datos apoyan que una parte del diglicinato se absorbe intacta, probablemente por una vía de transporte de dipéptidos [2].
Esa segunda conclusión es la que más viaja fuera del paper, y conviene leerla como lo que es: una hipótesis compatible con sus datos, no un mecanismo medido. Un enriquecimiento isotópico en 12 participantes registra cuánto magnesio marcado aparece y cuándo, no por qué transportador entró; el antecedente de absorción intacta que los autores invocan venía de trabajos in vitro e in situ, y nadie lo ha replicado en humanos desde 1994 [2]. Lo mismo vale para la tolerancia: una observación en 12 pacientes quirúrgicos con toma única, no una propiedad demostrada del bisglicinato en general.
La fuerza de esta evidencia es limitada, y decirlo no es un tecnicismo. Doce personas, una sola toma, una población quirúrgica y un resultado principal negativo no sostienen que el bisglicinato se absorba mejor en una persona sana. Sí sostienen una hipótesis razonable: que el quelato aporta más cuando la absorción basal está comprometida.
Qué dicen las revisiones que compararon formas
La revisión de 2017 es explícita en su ambivalencia: algunos estudios muestran biodisponibilidad ligeramente superior de las sales orgánicas frente a las inorgánicas y otros no encuentran diferencia. Su comentario más citado es sobre la escala del efecto, no sobre su dirección, y conviene saber a qué comparación se refiere: al discutir un estudio de producto que midió excreción urinaria de 24 horas, los autores señalan que la diferencia entre citrato (7.2 ± 1.48 mmol) y óxido de magnesio (6.7 ± 1.43 mmol), aunque estadísticamente significativa, equivale a 13.7 mg de magnesio y es por tanto «fisiológicamente irrelevante» frente a una ingesta total de unos 800 mg en el día de prueba [4]. Es citrato contra óxido; no es un veredicto sobre los quelatos de aminoácidos.
La misma revisión recoge resultados en la dirección contraria. Reporta un ensayo aleatorizado, doble ciego, de grupos paralelos y controlado con placebo en 46 adultos sanos que tomaron durante 60 días entre 255 y 280 mg diarios de magnesio elemental —según el contenido analizado de cada preparación— como quelato de aminoácidos, como citrato o como óxido: medidos por excreción urinaria de 24 horas, tanto el citrato como el quelato de aminoácidos se absorbieron significativamente más que el óxido [4]. Dos matices que rara vez viajan junto a ese dato: la conclusión del propio trabajo, ya en su título, es que el citrato fue la preparación más biodisponible de las tres tras 60 días [10]; y su «quelato de aminoácidos» no se identifica como bisglicinato, con un desenlace que es un biomarcador de excreción y no una medida de cuánto magnesio retuvo el cuerpo.
Un trabajo de 2019 que combinó predicción y prueba de biodisponibilidad en humanos llegó a una conclusión útil y menos glamorosa: la solubilidad del suplemento pesa más para la biodisponibilidad real que la carga de magnesio elemental que declara la etiqueta, y las sales inorgánicas como el óxido tienen biodisponibilidad limitada precisamente por su mala solubilidad [5]. Nótese que el argumento gana a favor de las formas solubles en general, no del bisglicinato en particular.
Vale la pena señalar un caso de sobrecitación frecuente: un estudio de 2019 muy usado en material comercial comparó citrato, malato, acetil taurato y glicinato de magnesio, y encontró que el acetil taurato fue el que elevó el magnesio cerebral. Ese trabajo se hizo en ratones Balb/c, no en personas, y ni siquiera incluyó al óxido como comparador [6].
El ensayo aleatorizado de 2025: qué midió y qué tan grande fue el efecto
El dato más nuevo específicamente sobre bisglicinato es un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en 2025, con 155 adultos de 18 a 65 años que reportaban mala calidad de sueño. Recibieron 250 mg de magnesio elemental al día como bisglicinato, o placebo, durante cuatro semanas, y el desenlace principal fue la escala Insomnia Severity Index [7].
El resultado: el grupo de bisglicinato mejoró más que el placebo (−3.9 puntos frente a −2.3), con p = 0.049 y un tamaño de efecto pequeño (d de Cohen = 0.2). Los propios autores lo describen como una mejora modesta y piden estudios con medidas objetivas de sueño, periodos más largos y mejor caracterización de quién responde; un análisis exploratorio sugirió mayor mejoría en quienes partían de una ingesta dietética de magnesio más baja [7]. Con un solo ensayo, un valor de p que roza el umbral convencional, cuatro semanas de seguimiento y desenlaces autorreportados, lo honesto es decir que la evidencia preliminar sugiere un efecto pequeño sobre la calidad de sueño autorreportada, no que esté establecido; falta demostrar que se sostenga con medidas objetivas y en periodos más largos. A eso se suma un dato de transparencia que el propio artículo declara: uno de los coautores dirige una organización de investigación por contrato que recibe financiamiento de empresas de nutracéuticos [7]. El bisglicinato de magnesio no cura ni previene ninguna enfermedad, y este ensayo tampoco lo afirma.
Cómo se lee esto desde México
En México, el marco legal define la categoría con una redacción concreta que vale la pena leer completa. La Ley General de Salud, en su artículo 215 fracción V, entiende por suplementos alimenticios los «Productos a base de hierbas, extractos vegetales, alimentos tradicionales, deshidratados o concentrados de frutas, adicionados o no, de vitaminas o minerales, que se puedan presentar en forma farmacéutica y cuya finalidad de uso sea incrementar la ingesta dietética total, complementarla o suplir alguno de sus componentes» [8]. La definición describe productos de base vegetal o alimentaria, que pueden llevar vitaminas o minerales añadidos, presentarse en forma farmacéutica y servir para complementar la ingesta dietética. Bajo qué figura queda clasificado en concreto un producto, y con qué requisitos se comercializa, lo resuelve COFEPRIS y no la lectura suelta de un artículo; lo desarrollamos en la guía de regulación de suplementos ante COFEPRIS. El artículo 216 añade que los productos que se ofrezcan al público en presentaciones que sugieran al consumidor propiedades terapéuticas deben incluir en la etiqueta la leyenda «Este producto no es un medicamento» [8].
Sobre la ingesta real de la población: el análisis de recordatorios de 24 horas de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, con 10,886 sujetos, reportó que entre 25% y 35% de las personas mayores de 12 años tenían una ingesta inadecuada de magnesio, con diferencias mínimas entre zonas rurales y urbanas, regiones y niveles socioeconómicos [9]. Es un dato poblacional sobre ingesta dietética, no un diagnóstico individual ni una razón automática para suplementar.
Qué sigue sin demostrarse
Resumido sin adornos, esto es lo que hoy no puede afirmarse con la literatura disponible:
- Que el bisglicinato en concreto se absorba mejor que el óxido en personas sanas: el único ensayo humano que lo midió con isótopo marcado no encontró diferencia significativa en su grupo completo, y el ensayo de 60 días en adultos sanos donde un quelato de aminoácidos superó al óxido no identifica qué quelato usó ni midió retención corporal [2] [10].
- Que esté demostrada la absorción intacta por una vía de dipéptidos: los autores de 1994 concluyen que sus datos apoyan esa hipótesis, y la cinética que observaron es compatible con ella, pero un enriquecimiento isotópico en 12 pacientes no identifica el transportador responsable y nadie lo ha replicado en tres décadas [2].
- Que la diferencia entre el óxido y los quelatos tenga relevancia fisiológica en una persona con ingesta adecuada: la revisión de 2017 recoge resultados en las dos direcciones —un ensayo en 46 adultos sanos donde el citrato y un quelato de aminoácidos se absorbieron más que el óxido, y una comparación citrato-óxido cuya diferencia de 13.7 mg los propios autores consideran fisiológicamente irrelevante— y ninguno de esos estudios midió bisglicinato identificado como tal [4].
- Que la glicina de la molécula aporte por sí misma algún efecto adicional en las cantidades presentes en un suplemento: ninguna de las fuentes revisadas aquí lo evaluó.
Y esto es lo que sí sostiene la evidencia: la identidad química del compuesto está establecida [1]; la fisiología de la absorción del magnesio está bien descrita y deja poco margen a la forma [3]; el quelato mostró ventaja frente al óxido en pacientes con malabsorción marcada [2]; un quelato genérico de aminoácidos, junto con el citrato, superó al óxido en excreción urinaria en un ensayo de 60 días con adultos sanos [10]; y existe un solo ensayo aleatorizado con un efecto pequeño sobre calidad de sueño autorreportada [7].
Si te interesa cómo se comporta el magnesio junto a otros activos, tenemos una revisión aparte sobre creatina y magnesio.
Fuentes
- PubChem, National Library of Medicine. Compound Summary for CID 84645, Magnesium glycinate (consultado en 2026). https://pubchem.ncbi.nlm.nih.gov/compound/84645
- Schuette SA, Lashner BA, Janghorbani M. (1994). Bioavailability of magnesium diglycinate vs magnesium oxide in patients with ileal resection. JPEN J Parenter Enteral Nutr. 18(5):430-435. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7815675/
- Jahnen-Dechent W, Ketteler M. (2012). Magnesium basics. Clinical Kidney Journal. 5(Suppl 1):i3-i14. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4455825/
- Schuchardt JP, Hahn A. (2017). Intestinal Absorption and Factors Influencing Bioavailability of Magnesium-An Update. Current Nutrition & Food Science. 13(4):260-278. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5652077/
- Blancquaert L, Vervaet C, Derave W. (2019). Predicting and Testing Bioavailability of Magnesium Supplements. Nutrients. 11(7):1663. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6683096/
- Ates M, Kizildag S, Yuksel O, et al. (2019). Dose-Dependent Absorption Profile of Different Magnesium Compounds. Biological Trace Element Research. 192(2):244-251. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30761462/
- Schuster J, Cycelskij I, Lopresti A, Hahn A. (2025). Magnesium Bisglycinate Supplementation in Healthy Adults Reporting Poor Sleep: A Randomized, Placebo-Controlled Trial. Nature and Science of Sleep. 17:2027-2040. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40918053/
- Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2026). Ley General de Salud, artículos 215 y 216 (últimas reformas DOF 15-01-2026). https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGS.pdf
- Sánchez-Pimienta TG, López-Olmedo N, Rodríguez-Ramírez S, et al. (2016). High Prevalence of Inadequate Calcium and Iron Intakes by Mexican Population Groups as Assessed by 24-Hour Recalls. The Journal of Nutrition. 146(9):1874S-1880S. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27511935/
- Walker AF, Marakis G, Christie S, Byng M. (2003). Mg citrate found more bioavailable than other Mg preparations in a randomised, double-blind study. Magnesium Research. 16(3):183-191. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14596323/
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Consulta a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier régimen de suplementación, especialmente si estás embarazada, en período de lactancia, tomas medicamentos o padeces alguna condición médica. Los resultados individuales pueden variar.
Las referencias científicas citadas respaldan el carácter informativo de este artículo y no implican que los productos de Kóre Labs repliquen las condiciones exactas de los estudios referenciados.