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Sí existe un ensayo aleatorizado que probó el bisglicinato de magnesio para dormir: se publicó en 2025 y su resultado fue positivo, pero chico. En 153 adultos de 18 a 65 años con mala calidad de sueño autorreportada, cuatro semanas de suplementación bajaron el Índice de Severidad del Insomnio (ISI) 3.9 puntos, contra 2.3 puntos del placebo, con p = 0.049 y un tamaño de efecto que los propios autores califican de pequeño (d de Cohen = 0.2) [1]. Ninguna de las demás medidas del estudio —somnolencia diurna, fatiga, estrés percibido y estado de ánimo— mostró diferencia entre grupos, y el sueño nunca se midió con un método objetivo.
Qué probó exactamente el ensayo
Es un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que evalúa el bisglicinato de magnesio como tal —no «magnesio» en abstracto— en personas que reportan dormir mal. Está inscrito en el registro alemán de ensayos clínicos (DRKS00031494) [1]:
- Participantes: 449 personas evaluadas, 155 aleatorizadas (77 al suplemento, 78 a placebo), 153 en el análisis por intención de tratar y 134 que llegaron al final.
- Intervención: dos cápsulas diarias que aportaban 250 mg de magnesio elemental en forma de bisglicinato —fabricado por Biogena, Salzburgo—, tomadas de 30 a 60 minutos antes de acostarse.
- Comparador: cápsulas visualmente idénticas de celulosa.
- Duración: cuatro semanas.
- Desenlace evaluado: el ISI, un cuestionario de autorreporte validado en 2001 como medida de resultado en investigación sobre el sueño [2], analizado con modelos lineales mixtos generalizados ajustados por ISI inicial, edad, sexo, índice de masa corporal y ocupación.
Ese detalle de la sal importa. La literatura previa de magnesio y sueño se construyó sobre otras formas químicas —un ensayo de referencia de 2012 usó óxido [5]— y las revisiones sistemáticas del tema trabajan con «magnesio» genérico [3][4]. Es decir: la frase «el glicinato es el mejor para dormir» circulaba mucho antes de que alguien probara el glicinato en un ensayo de sueño.
El número principal, traducido
El grupo de magnesio bajó 3.9 puntos de ISI (IC 95%: −5.8 a −2.0) y el de placebo bajó 2.3 puntos (IC 95%: −4.1 a −0.4). La diferencia entre ambos alcanzó significancia estadística con p = 0.049 [1]. Vale la pena leer esas cifras despacio:
- El placebo también mejoró, y no poco: dos tercios de la mejoría del grupo de magnesio también ocurrieron sin magnesio. La diferencia atribuible al suplemento es el sobrante, alrededor de 1.6 puntos.
- p = 0.049 queda pegado al umbral convencional de 0.05, y el artículo no describe ninguna corrección por comparaciones múltiples pese a haber evaluado ocho cuestionarios adicionales.
- d = 0.2 es la definición de libro de un efecto pequeño, y así lo describen los autores: «un beneficio modesto».
El ensayo también contó cuántas personas lograron una mejoría clínicamente relevante, definida como una caída de 6 puntos o más en el ISI: 41 participantes en total (30%), de los cuales 15 (11%) estaban en placebo y 26 (19%) en el grupo de magnesio [1]. Son conteos descriptivos —el artículo no acompaña esa comparación con una prueba estadística— y sus porcentajes cuadran con los 134 participantes que completaron el estudio, no con los 153 del análisis por intención de tratar.
Lo que no cambió: ocho resultados nulos
Esta es la parte que la mayoría de los textos sobre el tema omite. Además del ISI, el ensayo aplicó ocho instrumentos más y en ninguno hubo diferencia estadísticamente significativa entre grupos [1]. No son «efectos pequeños»: son resultados nulos, y así hay que reportarlos.
| Instrumento | Placebo | Bisglicinato | p | d |
|---|---|---|---|---|
| Escala de Regensburg (RIS) | −1.1 | −2.0 | 0.186 | 0.13 |
| Sleep Quality Scale (SQS) | +0.3 | +1.0 | 0.069 | 0.18 |
| Somnolencia diurna (Epworth) | −1.8 | −2.0 | 0.624 | 0.05 |
| Fatiga (FSS) | −1.8 | −3.0 | 0.391 | 0.09 |
| Estrés percibido (PSS) | −2.0 | −2.4 | 0.708 | 0.04 |
| Afecto positivo (PANAS) | +1.3 | +1.0 | 0.771 | 0.03 |
| Afecto negativo (PANAS) | −3.0 | −2.9 | 0.894 | 0.01 |
| PHQ-4 total | +0.1 | −0.0 | 0.634 | 0.05 |
Dicho de otro modo: la única señal del ensayo aparece en el cuestionario que pregunta por el sueño percibido. Nada de lo que suele venderse como consecuencia de dormir mejor —menos sueño de día, menos fatiga, menos estrés, mejor ánimo— se movió más que con celulosa. En seguridad, en cambio, el reporte es tranquilo y también hay que decirlo: 93% de los participantes no reportó ningún evento adverso, no hubo eventos adversos graves y el conteo total fue de 7 en placebo contra 2 en el grupo de magnesio [1].
Los límites que el propio ensayo reconoce
Los autores abren su lista de limitaciones por el dato más incómodo: aunque el bisglicinato mejoró de forma significativa las puntuaciones de ISI, la puntuación media del grupo de magnesio al terminar las cuatro semanas seguía dentro del rango de insomnio subumbral, lo que —escriben— indica que la suplementación por sí sola difícilmente basta para sacar de ese rango a muchas personas [1].
El segundo límite que señalan es de medición. Los autores son explícitos: «la validez de los desenlaces relacionados con el sueño está limitada por la dependencia exclusiva de datos autorreportados sin verificación objetiva» [1]. No hubo actigrafía ni polisomnografía, y los diarios de sueño eran voluntarios: menos del 10% de los participantes los llenó completos, así que ni siquiera pudieron interpretarse. Todo lo que sabemos del efecto es lo que la gente contestó en un cuestionario.
Hay tres límites más que conviene no pasar por alto:
- Cuatro semanas es poco. El propio artículo pide intervenciones más largas y mediciones objetivas para investigación futura.
- No se midió el estado de magnesio. No hubo marcadores bioquímicos, y la ingesta dietética se estimó con una sola pregunta tipo Likert no validada. Sobre esa base apareció una correlación inversa pequeña pero significativa entre ingesta previa y respuesta, y sólo en el grupo de magnesio (rho de Spearman = −0.25; p = 0.036). Es un análisis exploratorio: sugiere una hipótesis de «respondedores altos», no la demuestra, y los propios autores advierten que la calidad general de la dieta o el estado de salud pudieron influir.
- El compuesto no viaja solo. Esos 250 mg de magnesio elemental venían acompañados de 1,523 mg de glicina al día. El ensayo comparó el compuesto completo contra celulosa, así que por diseño no puede separar qué parte del resultado corresponde al magnesio y qué parte al aminoácido.
Sobre financiamiento y conflictos de interés, el artículo declara que el estudio fue financiado por el Institute of Food and One Health de la Universidad Leibniz de Hannover como proyecto académico interno, que el suplemento fue fabricado por Biogena, y que uno de los autores es director general de una organización de investigación por contrato que recibe fondos de empresas de nutracéuticos; los demás declaran no tener conflictos [1].
Qué decía la evidencia antes de 2025
El contexto ayuda a calibrar. Un metaanálisis de 2021 reunió los ensayos aleatorizados de magnesio oral para problemas de sueño en adultos mayores y encontró apenas tres estudios con 151 participantes en total: el tiempo para quedarse dormido se acortó 17.36 minutos frente a placebo (IC 95%: −27.27 a −7.44; p = 0.0006), pero el tiempo total de sueño mejoró 16.06 minutos sin alcanzar significancia estadística. Los autores calificaron la evidencia de «baja a muy baja calidad», con riesgo de sesgo de moderado a alto, y concluyeron que la calidad de la literatura es deficiente para que un médico haga recomendaciones bien informadas; añaden, sin embargo, que por ser el magnesio oral barato y ampliamente disponible, la evidencia de los ensayos aleatorizados podría respaldar su uso para síntomas de insomnio [3]. Nótese la distinción: lo que los autores llaman deficiente es la calidad de los estudios disponibles, no su cantidad.
Una revisión sistemática de 2023 que abarcó nueve estudios y 7,582 sujetos llegó a una conclusión parecida y con una distinción útil: los estudios observacionales sí sugieren asociación entre el estado de magnesio y la calidad del sueño, mientras que los ensayos clínicos aleatorizados muestran una asociación incierta entre suplementar magnesio y los problemas de sueño [4]. Asociación en población no es efecto en un ensayo.
Ese ensayo de 2012 se hizo en 43 adultos mayores usando óxido de magnesio —500 mg diarios de tabletas durante ocho semanas—, no bisglicinato [5]: es un antecedente con otra sal, no un respaldo del glicinato.
La lectura conjunta es la que ya adelantaba el ensayo de 2025: la evidencia humana específica del bisglicinato para el sueño existe, es reciente, es un solo estudio y su efecto es pequeño y medido sólo por autorreporte. El magnesio no cura ninguna enfermedad ni sustituye lo que sí tiene evidencia sólida, empezando por los hábitos de higiene del sueño y por descartar las causas de fondo que impiden dormir.
Contexto mexicano: dieta y regulación
La pista exploratoria del ensayo —que quien menos magnesio consume podría notar más— hace relevante saber cuánto magnesio come la población mexicana. El análisis de la ENSANUT 2012 en 1,573 adultos de 20 a 65 años estimó una prevalencia de ingesta inadecuada de magnesio de 16% [6]. Es una estimación transversal: describe la ingesta dietética en un momento dado, no relaciones de causa, y no evalúa el sueño.
En lo regulatorio, COFEPRIS explica que los suplementos alimenticios no requieren registro sanitario sino un «Aviso de funcionamiento» presentado 30 días antes de iniciar operaciones, que su publicidad requiere permiso de la comisión y debe incluir la leyenda «Este producto no es un medicamento», y prohíbe atribuirles propiedades que no puedan comprobarse o presentarlos como modificadores del estado físico o mental [7]. Por eso este artículo describe lo que midió un ensayo, no lo que alguien deba hacer.
Puntos clave
- Existe un ensayo de 2025 específico de bisglicinato de magnesio en adultos con mal sueño autorreportado: 153 personas, cuatro semanas, controlado con placebo.
- El resultado principal fue 3.9 puntos de ISI contra 2.3 del placebo (p = 0.049; d = 0.2): real en el análisis, pero pequeño y al filo del umbral estadístico.
- Los otros ocho cuestionarios —somnolencia, fatiga, estrés, ánimo— dieron resultados nulos.
- Al terminar las cuatro semanas, la puntuación media del grupo de magnesio seguía dentro del rango de insomnio subumbral: los propios autores señalan que la suplementación por sí sola difícilmente basta para sacar de ese rango a muchas personas.
- No hubo actigrafía, polisomnografía ni marcador bioquímico de magnesio, y el diseño no separa el magnesio de los 1,523 mg diarios de glicina que lo acompañaban.
- La evidencia previa, hecha con otras sales, es de calidad baja a muy baja según sus propios autores.
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Fuentes
- Schuster J, Cycelskij I, Lopresti A, Hahn A. (2025). Magnesium Bisglycinate Supplementation in Healthy Adults Reporting Poor Sleep: A Randomized, Placebo-Controlled Trial. Nature and Science of Sleep, 17:2027-2040. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12412596/
- Bastien CH, Vallières A, Morin CM. (2001). Validation of the Insomnia Severity Index as an outcome measure for insomnia research. Sleep Medicine, 2(4):297-307. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11438246/
- Mah J, Pitre T. (2021). Oral magnesium supplementation for insomnia in older adults: a Systematic Review & Meta-Analysis. BMC Complementary Medicine and Therapies, 21:125. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33865376/
- Arab A, Rafie N, Amani R, Shirani F. (2023). The Role of Magnesium in Sleep Health: a Systematic Review of Available Literature. Biological Trace Element Research, 201(1):121-128. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35184264/
- Abbasi B, Kimiagar M, Sadeghniiat K, Shirazi MM, Hedayati M, Rashidkhani B. (2012). The effect of magnesium supplementation on primary insomnia in elderly: A double-blind placebo-controlled clinical trial. Journal of Research in Medical Sciences, 17(12):1161-1169. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3703169/
- Castellanos-Gutiérrez A, Sánchez-Pimienta TG, Carriquiry A, da Costa THM, Ariza AC. (2018). Higher dietary magnesium intake is associated with lower body mass index, waist circumference and serum glucose in Mexican adults. Nutrition Journal, 17:114. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6282375/
- COFEPRIS. Trámites de suplementos alimenticios. Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, gob.mx. https://www.gob.mx/cofepris/acciones-y-programas/suplementos-alimenticios
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