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Dos análisis revisados por pares de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), verificados uno por uno para este artículo, reportan lo siguiente: en Ensanut MC 2016, la ingesta dietética de magnesio de los adultos quedó por debajo del requerimiento promedio estimado en 23.16% al corregir por factores de retención de nutrimentos, y en 16.37% sin esa corrección [1]. Un análisis previo de ENSANUT 2012, restringido a adultos de 20 a 65 años, reportó 16% [2]. La encuesta de 2016 publica además cifras para los estratos escolar y adolescente, que se reproducen más abajo como contexto metodológico y que este artículo no interpreta. Son cifras de dieta a escala poblacional, no de estado clínico individual, y ninguna se parece al «7 de cada 10 mexicanos» que circula en notas y blogs sin cita rastreable.
Qué significa exactamente «ingesta inadecuada»
La frase suena a diagnóstico y no lo es. Es un cálculo estadístico sobre lo que come una población, y descansa en un valor de referencia llamado requerimiento promedio estimado (EAR, por sus siglas en inglés): el nivel de consumo que cubre la necesidad de la mitad de los individuos sanos de un grupo de edad y sexo. El informe del Institute of Medicine que fijó esos valores para el magnesio en 1997 estableció un EAR de 330 mg al día para hombres de 19 a 30 años y de 255 mg al día para mujeres del mismo rango, con recomendaciones (RDA) de 400 y 310 mg al día respectivamente [3].
La epidemiología nutricional usa el EAR como punto de corte: la proporción de la población cuya ingesta habitual cae por debajo de ese umbral es la «prevalencia de ingesta inadecuada». Que 23% de los adultos consuma menos magnesio que el EAR no equivale a que 23% de los adultos presente una carencia medible: son dos preguntas distintas, y la encuesta sólo responde la primera.
Los números de ENSANUT, sin redondear
La fuente primaria es el trabajo de Ramírez-Silva y colaboradores publicado en Salud Pública de México en 2020 [1]. Analizó la información dietética de la Ensanut MC 2016, una encuesta probabilística por conglomerados, estratificada y multietápica, con representatividad nacional, levantada entre mayo y octubre de 2016 sobre 29,795 individuos de 9,474 hogares. La submuestra con recordatorio de 24 horas válido y utilizable para estos cálculos fue de 3,646 personas. El instrumento fue un recordatorio de 24 horas estandarizado, aplicado con una adaptación automatizada del método del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
La aportación metodológica del estudio es que corrigió las ingestas por factores de retención de nutrimentos (FRN), que descuentan lo que se pierde durante la cocción. Al aplicarlos, la ingesta estimada baja y, en consecuencia, la inadecuación sube. Estos son los valores publicados por grupo de edad; el texto comenta sólo la fila de adultos:
| Grupo de edad | n | Ingesta media con FRN (mg/día) | Inadecuación sin FRN | Inadecuación con FRN |
|---|---|---|---|---|
| Escolares (5-11 años) | 1,081 | 287.2 ± 72.8 | 4.21% | 5.0% |
| Adolescentes (12-19 años) | 1,228 | 357.1 ± 143.6 | 32.58% | 35.9% |
| Adultos (20 años o más) | 1,337 | 355.2 ± 83.4 | 16.37% | 23.16% |
El segundo análisis, de Castellanos-Gutiérrez y colaboradores en Nutrition Journal (2018), trabajó con ENSANUT 2012 y una muestra de 1,573 adultos de 20 a 65 años, representativa de unos 37.5 millones de adultos mexicanos [2]. Reportó una prevalencia de ingesta inadecuada de magnesio de 16%, en el mismo cuadro donde reporta 56% para vitamina A, 29% para vitamina C y 94% para vitamina E [2]. Es decir: en ese conjunto de nutrimentos, el magnesio fue el menos comprometido, no el más.
Por qué una cifra dice 16% y la otra 23%
La discrepancia no es un error: son tres diferencias metodológicas.
- La corrección por retención. En el mismo trabajo de 2016, los adultos aparecen con 16.37% de inadecuación sin aplicar factores de retención y con 23.16% aplicándolos. El brinco de siete puntos lo produce la corrección, no un cambio en la dieta.
- Encuestas y años distintos. ENSANUT 2012 y Ensanut MC 2016 son levantamientos separados, con submuestras dietéticas y marcos muestrales propios.
- Rangos de edad distintos. El análisis de 2018 se limitó a 20-65 años; el de 2020 agrupa a todos los adultos de 20 años en adelante.
Cuando una nota de prensa toma un porcentaje de un estudio y lo presenta como «el dato de México», borra justo la información que permite interpretarlo.
De dónde sale, y de dónde no, el «70% de los mexicanos»
La afirmación de que 7 de cada 10 mexicanos no cubren su magnesio circula en blogs de marca y notas de divulgación, casi siempre atribuida a «ENSANUT» sin enlace a un documento donde pueda comprobarse. Esa cifra no aparece en ninguno de los análisis indexados de ENSANUT citados en este artículo. La cifra más reciente que se cita aquí proviene de Ensanut MC 2016; no se revisaron los análisis de levantamientos posteriores (ENSANUT 2018-19 y ENSANUT Continua 2020-2022), que pueden aportar estimaciones más nuevas. En adultos, lo realmente publicado por esos dos análisis va de 16% a 23.16%, según la encuesta y el método de corrección.
Nada de esto convierte el 70% en una cifra falsa: lo que falta es su origen, y en un tema de datos esa distinción es todo.
Dónde está el magnesio en el plato
Las fuentes alimentarias de magnesio están bien caracterizadas y son poco glamorosas. La clorofila es el vehículo principal, de modo que las verduras de hoja verde encabezan la lista; le siguen nueces y semillas, cereales sin procesar y leguminosas, mientras que los lácteos (con excepción de la leche) aportan poco [4]. La bibliografía clínica coincide en el mismo grupo: hojas verdes, pescado, leguminosas y granos enteros [5].
El punto que más se pasa por alto es el procesamiento. Refinar un grano retira el germen y el salvado, que es donde vive buena parte del mineral, y eso reduce sustancialmente su contenido de magnesio [4]; el informe de referencia de 1997 lo consigna en los mismos términos: los alimentos refinados tienen, en general, el contenido más bajo de magnesio [3]. Traducido al patrón alimentario nacional, las categorías ricas en magnesio tienen equivalentes evidentes en la cocina mexicana —frijol y otras leguminosas, quelites y verduras de hoja, pepitas y semillas, maíz y granos no refinados—, aunque conviene ser explícito: esa correspondencia es de categorías de alimento, no una medición de la composición de platillos mexicanos, que ninguna de las fuentes citadas aquí realizó.
Lo que estos datos no permiten afirmar
- Ingesta baja no es carencia comprobada. El magnesio corporal vive dentro de las células: alrededor del 1% al 3% del total se encuentra en el líquido extracelular, y por eso la concentración en suero guarda poca correlación con las reservas corporales totales o con las de un tejido concreto [4]. Una encuesta de dieta no mide reservas, y la química sanguínea de rutina tampoco las refleja bien.
- Los recordatorios de 24 horas tienen sesgo de reporte. Los propios autores del análisis de 2018 lo reconocen como limitación inherente a cualquier instrumento basado en el reporte del propio participante [2].
- Los suplementos no entraron en la cuenta. El trabajo de 2020 advierte que no consideró suplementos de vitaminas y minerales, por lo que la ingesta total pudo quedar subestimada [1].
- Ninguna asociación de esos estudios demuestra causa y efecto. El análisis de ENSANUT 2012 encontró que una mayor ingesta de magnesio se asocia con menor índice de masa corporal y menor circunferencia de cintura —el propio texto reporta que un aumento de 10 mg por cada 1,000 kcal se asoció con una disminución promedio de 0.72% en el IMC—, pero sus autores escriben con todas sus letras que, por ser un estudio observacional transversal, no es posible establecer causalidad y se requieren ensayos aleatorizados longitudinales para confirmar los resultados [2]. La asociación con menor glucosa sérica está todavía más acotada: sólo apareció entre los participantes con concentraciones normales de glucosa (<100 mg/dL, n=1,119) y, al estratificar por sexo, únicamente fue estadísticamente significativa en mujeres [2]. El análisis excluyó además a quienes ya reportaban diabetes, de modo que sus hallazgos no son extrapolables a esa población.
- Nada de esto dice qué pasaría si alguien tomara un suplemento. Ambas son encuestas de alimentación, no ensayos clínicos.
Encuestas, suplementos y reglas en México
En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) define la función de un suplemento alimenticio como «incrementar la ingesta dietética total, complementarla o suplir alguno de sus componentes», prohíbe la publicidad que le atribuya la propiedad de aliviar o resolver padecimientos, y exige que el anuncio incluya la leyenda «Este producto no es un medicamento» [6]. Un dato poblacional de ingesta inadecuada describe un patrón alimentario; no es, por sí solo, una justificación de compra para nadie.
En este blog revisamos el magnesio como acompañante en los artículos sobre creatina y magnesio y ashwagandha con magnesio, y el marco regulatorio en la guía de COFEPRIS.
En corto
- Cifras verificables de ENSANUT para magnesio en adultos: 23.16% en Ensanut MC 2016 con corrección por retención (16.37% sin ella); 16% en adultos de 20 a 65 años en ENSANUT 2012.
- La diferencia entre 16% y 23% se explica por la corrección metodológica, no por un deterioro de la dieta.
- «Ingesta inadecuada» describe una población, no a una persona, y no equivale a una carencia comprobada.
- El «70%» que circula en internet no tiene, hasta donde puede rastrearse, una fuente publicada.
Fuentes
- Ramírez-Silva I, Rodríguez-Ramírez S, Barragán-Vázquez S, Castellanos-Gutiérrez A, Reyes-García A, Martínez-Piña A, Pedroza-Tobías A (2020). Prevalence of inadequate intake of vitamins and minerals in the Mexican population correcting by nutrient retention factors, Ensanut 2016. Salud Pública de México, 62(5). https://doi.org/10.21149/11096 · https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33027862/
- Castellanos-Gutiérrez A, Sánchez-Pimienta TG, Carriquiry A, da Costa THM, Ariza AC (2018). Higher dietary magnesium intake is associated with lower body mass index, waist circumference and serum glucose in Mexican adults. Nutrition Journal, 17:114. https://doi.org/10.1186/s12937-018-0422-2 · https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6282375/
- Institute of Medicine (1997). Dietary Reference Intakes for Calcium, Phosphorus, Magnesium, Vitamin D, and Fluoride, capítulo 6: Magnesium. National Academies Press. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/n/nap5776/ch6/
- Gröber U, Schmidt J, Kisters K (2015). Magnesium in Prevention and Therapy. Nutrients, 7(9):8199-8226. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4586582/
- Allen MJ, Sharma S (2023). Magnesium. StatPearls. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK519036/
- COFEPRIS. Trámites de suplementos alimenticios. Secretaría de Salud, gob.mx. https://www.gob.mx/cofepris/acciones-y-programas/suplementos-alimenticios
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Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría médica, diagnóstico ni prescripción de tratamiento. Los suplementos alimenticios complementan la alimentación, no son medicamentos y no están destinados a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad.
Consulta a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier régimen de suplementación, especialmente si estás embarazada, en período de lactancia, tomas medicamentos o padeces alguna condición médica. Los resultados individuales pueden variar.
Las referencias científicas citadas respaldan el carácter informativo de este artículo y no implican que los productos de Kóre Labs repliquen las condiciones exactas de los estudios referenciados.