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En las comparaciones humanas disponibles el óxido de magnesio suele rendir menos que las sales orgánicas —sobre todo frente al citrato y medido como excreción urinaria de magnesio—, aunque la literatura no es unánime: hay revisiones que reportan que varios estudios no hallaron diferencias entre sales [8], y Firoz y Graber concluyen que las sales inorgánicas, según la preparación, pueden tener una biodisponibilidad equivalente a la de las orgánicas [3]. En un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo de 60 días en 46 adultos sanos, las formas orgánicas mostraron mayor absorción que el óxido (P = 0.033), y el óxido no mostró diferencias frente al placebo [1]. Lo que no está sostenido con la misma fuerza es la cifra que domina las comparativas de internet: el «4% contra 80%» mezcla estudios distintos, con métodos distintos y poblaciones distintas, y no existe ningún ensayo humano que haya medido 80% de absorción para el glicinato. La comparación directa entre óxido y glicinato descansa, en realidad, en muy pocos estudios, y no todos apuntan en la misma dirección.
Dos sales con dos problemas distintos
El óxido de magnesio (MgO) es una sal inorgánica: magnesio unido a oxígeno, nada más. Su ventaja es que aporta mucho magnesio elemental por gramo de polvo, lo que abarata la fórmula y permite etiquetas con números grandes. Su problema es que casi no se disuelve. Cuando Lindberg y colaboradores lo midieron en el laboratorio, el óxido resultó prácticamente insoluble en agua y solo 43% soluble en una secreción ácida gástrica simulada [4].
El bisglicinato de magnesio —también llamado diglicinato o, coloquialmente, glicinato— es un quelato: el magnesio queda unido a dos moléculas de glicina, un aminoácido. La hipótesis mecanicista que se le atribuye es que una parte del compuesto se absorbe intacta por la vía de transporte de dipéptidos en el intestino delgado proximal, en lugar de depender por completo de las rutas del magnesio libre [2].
Aquí está el punto que casi ninguna comparativa explica: el magnesio elemental que declara la etiqueta y el magnesio que llega a la sangre no son la misma variable. El estudio de Blancquaert y colaboradores —pruebas propias de disolución in vitro sobre 15 formulaciones comerciales más dos fases en humanos— concluye en su discusión (traducción del original) que «la solubilidad de un suplemento de magnesio es de mayor relevancia para la biodisponibilidad in vivo que la carga (cantidad de magnesio elemental)» [9]. La frase que suele citarse de ese mismo trabajo —que las sales inorgánicas como el óxido «aportan una carga alta de magnesio elemental pero exhiben una biodisponibilidad muy limitada como resultado de su pobre solubilidad»— está en su introducción: es el planteamiento de partida de los autores, no un resultado que ese estudio haya medido. Conviene además no confundir este asunto con un debate distinto y de otra naturaleza, el del tamaño de partícula en la creatina, que es una cuestión física y sobre otra molécula.
Lo que sí está bien sostenido: el óxido rinde menos
El ensayo de referencia es el de Walker y colaboradores (2003): diseño aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, en paralelo, 60 días, 46 adultos sanos, con 300 mg de magnesio elemental al día en cada rama. Compararon citrato, un quelato de aminoácidos y óxido. Los resultados: las formas orgánicas —citrato y quelato de aminoácidos— mostraron mayor absorción que el óxido a los 60 días (P = 0.033); el citrato alcanzó la mayor concentración sérica media tras suplementación aguda (P = 0.026) y crónica (P = 0.006); y sobre el óxido el texto es literal: «Mg oxide supplementation resulted in no differences compared to placebo» [1].
Dos matices que rara vez se citan del mismo ensayo. El magnesio eritrocitario —el marcador más cercano al estatus intracelular— no mostró diferencias entre grupos. Y el quelato probado está descrito como «quelato de aminoácidos», no como bisglicinato: asumir que son el mismo compuesto es un salto que el estudio no autoriza.
La dirección se repite en otros diseños. En 14 varones sanos previamente saturados con magnesio durante cinco días, el citrato aumentó de forma significativa la excreción urinaria de magnesio a 24 horas (P < 0.05) mientras que el óxido no lo hizo, y el magnesio plasmático fue mayor con citrato que con óxido a las 4 y a las 8 horas [5]. En el trabajo de Lindberg, el incremento de magnesio urinario tras una carga de citrato (25 mmol) fue significativamente mayor que el obtenido con óxido [4]. Y la revisión sistemática de Pardo y colaboradores, que seleccionó 14 estudios de 433 identificados, concluye que las formulaciones inorgánicas parecen menos biodisponibles que las orgánicas y que el porcentaje de absorción depende de la cantidad ingerida [6].
Esa misma revisión obliga a un matiz incómodo: su conclusión general no es que las sales orgánicas sean necesarias, sino que (traducción del original) «todos los suplementos dietéticos de magnesio pueden mantener niveles fisiológicos en personas sanas sin déficit previo, aunque esto no puede asegurarse en personas mayores o con padecimientos o niveles subfisiológicos previos» [6].
De dónde salen el «4%» y el «80%»
El 4% tiene un origen rastreable. Firoz y Graber midieron la biodisponibilidad de cuatro preparaciones comerciales estadounidenses como incremento de la excreción urinaria de magnesio en voluntarios normales que recibieron aproximadamente 21 mEq al día, y reportaron para el óxido una absorción fraccional de 4% [3]. Pero ese trabajo no probó glicinato —comparó óxido contra cloruro, lactato y aspartato— y su conclusión textual incluye una advertencia que nadie reproduce: las sales inorgánicas de magnesio, según la preparación, pueden tener una biodisponibilidad equivalente a la de las sales orgánicas.
El 80% no tiene origen. No encontramos ningún estudio en humanos que haya medido una absorción cercana a 80% para el glicinato de magnesio. Y hay una razón fisiológica para desconfiar de esa cifra: la absorción de magnesio es inversamente proporcional a la cantidad ingerida. Con una ingesta diaria de 370 mg, la tasa de absorción intestinal se sitúa entre 30% y 50%; con 36 mg diarios sube a 65%, y con 973 mg diarios cae a 11% [8]. Ninguna sal se salta esa curva: un suplemento que aporte varios cientos de miligramos de golpe está, por diseño, en la parte baja de la pendiente.
A las dos cifras les falta además la condición mínima para poder restarse: haber sido medidas igual. Esta literatura usa excreción urinaria, magnesio sérico, plasmático, eritrocitario, salival e isótopos estables como el 26Mg, marcadores que responden a cosas distintas y en ventanas de tiempo distintas. Poner dos porcentajes de dos métodos en la misma tabla produce una comparación que parece cuantitativa y no lo es.
La evidencia directa de óxido contra glicinato es más pobre de lo que parece
El único estudio que comparó cabeza a cabeza diglicinato y óxido con isótopos estables se hizo en 12 pacientes con resección ileal, en un diseño doble ciego cruzado con una toma única de 100 mg marcada con 26Mg. Su resultado principal es nulo: para el grupo completo, la absorción de 26Mg no fue diferente entre los dos suplementos (23.5% con el quelato frente a 22.8% con el óxido). La ventaja del quelato apareció solo en los cuatro pacientes con mayor deterioro de la absorción (23.5% frente a 11.8%; p < 0.05). Sí hubo diferencias en la cinética para todo el grupo: el pico de enriquecimiento isotópico ocurrió antes con el quelato (diferencia media de 3.2 ± 1.3 horas; p < 0.05) y el área bajo la curva fue mayor (p < 0.05) [2]. Es un estudio pequeño y en una población con el intestino quirúrgicamente acortado.
Y existe un resultado reciente que va en contra de la narrativa cómoda. En un ensayo cruzado doble ciego con 40 adultos sanos, tras siete días de dieta baja en magnesio, se midió magnesio plasmático a 1, 4 y 6 horas después de tomar microcápsulas de magnesio, óxido, citrato o bisglicinato. El bisglicinato no produjo un aumento significativo de magnesio plasmático en ninguno de los tiempos medidos, mientras que el óxido sí lo hizo a la hora (+7.1%); en la comparación por pares, las diferencias entre óxido y bisglicinato no alcanzaron significancia estadística [10]. Ese estudio tiene limitaciones serias —lo financió el fabricante del producto mejor evaluado, el seguimiento fue de seis horas y el magnesio plasmático es un marcador poco sensible— pero omitirlo sería justo el tipo de selección de evidencia que este texto intenta evitar.
Vale la pena señalar también qué no es evidencia de esta comparación. El estudio de perfil de absorción dosis-dependiente que se cita con frecuencia en artículos sobre glicinato se realizó en ratones BALB/c y comparó citrato, malato, acetil taurato y glicinato: no incluyó óxido de magnesio, así que no puede sostener ninguna conclusión sobre óxido contra glicinato [7]. Y la revisión de Schuchardt y Hahn resume el estado real del campo: algunos estudios demostraron una biodisponibilidad ligeramente superior de las sales orgánicas frente a los compuestos inorgánicos en condiciones estandarizadas, mientras que otros no [8].
Tolerancia digestiva: el otro eje de la comparación
La absorción no es la única variable que separa a estas dos sales. El propio estudio de resección ileal parte de una premisa clínica explícita: la repleción de magnesio por vía oral es difícil por la acción catártica de la mayoría de los suplementos orales de magnesio en las cantidades empleadas, y en ese ensayo el diglicinato fue mejor tolerado por todos los pacientes [2]. El mecanismo que suele invocarse —el magnesio que no se absorbe permanece en la luz intestinal y arrastra agua por ósmosis— es coherente con la baja solubilidad medida del óxido [4], pero ninguno de estos trabajos midió directamente esa cadena causal.
Tampoco aquí el glicinato gana limpio. En el ensayo de 40 adultos sanos, los voluntarios reportaron mayor flujo intestinal con óxido y con citrato, y mayor pesadez estomacal con bisglicinato y con óxido [10]. Es decir: el bisglicinato salió mejor en un tipo de molestia y no en el otro, en un estudio que no fue diseñado para responder esa pregunta.
Cómo se lee esto desde México
La etiqueta de un suplemento declara la sal empleada y el aporte de magnesio elemental, y nada de eso predice cuánto se absorbe: en las formulaciones que probaron Blancquaert y colaboradores, la solubilidad resultó más determinante que la carga elemental [9]. Un producto con óxido puede exhibir la cifra de magnesio más alta del anaquel y ser, a la vez, el que peor rinde de los medidos.
Del lado regulatorio, COFEPRIS establece que la publicidad de suplementos alimenticios no puede «[a]tribuirles propiedades que no puedan comprobarse o que son útiles para prevenir, aliviar, tratar o curar una enfermedad», y que debe ceñirse a «la finalidad de uso relacionada con incrementar la ingesta dietética total, complementarla o suplir alguno de sus componentes» [11]. Conviene tenerlo presente al leer comparativas: una frase como «absorción superior comprobada» es una afirmación publicitaria, no una conclusión de esta literatura. El magnesio no cura ni previene ninguna enfermedad, y este texto no trata sobre padecimientos, sino sobre química y absorción. Si te interesa el magnesio en un contexto deportivo, el blog tiene otro texto sobre magnesio y creatina.
Qué sigue sin demostrarse
- No existe el ensayo que zanjaría la pregunta. No localizamos ningún estudio aleatorizado en adultos sanos, con potencia estadística adecuada e isótopos estables, diseñado específicamente para comparar óxido contra bisglicinato de magnesio.
- La inferioridad del óxido está sostenida sobre todo frente al citrato, no frente al glicinato. Las comparaciones más limpias y repetidas [5] [4] usaron citrato como contraparte.
- Un resultado nulo no es una prueba de ausencia. Que el óxido no se distinguiera del placebo en 46 personas durante 60 días [1] significa que ese diseño no detectó diferencia, no que el óxido no se absorba en absoluto.
- Absorber más no equivale a un efecto clínico mayor. Ninguno de los estudios citados aquí midió desenlaces clínicos, y ninguno de sus marcadores mide el magnesio corporal total: en el ensayo de 60 días el magnesio eritrocitario quedó igual en todos los grupos [1].
Fuentes
- Walker AF, Marakis G, Christie S, Byng M. (2003). Mg citrate found more bioavailable than other Mg preparations in a randomised, double-blind study. Magnesium Research. 16(3):183-191. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14596323/
- Schuette SA, Lashner BA, Janghorbani M. (1994). Bioavailability of magnesium diglycinate vs magnesium oxide in patients with ileal resection. JPEN J Parenter Enteral Nutr. 18(5):430-435. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7815675/
- Firoz M, Graber M. (2001). Bioavailability of US commercial magnesium preparations. Magnesium Research. 14(4):257-262. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11794633/
- Lindberg JS, Zobitz MM, Poindexter JR, Pak CY. (1990). Magnesium bioavailability from magnesium citrate and magnesium oxide. Journal of the American College of Nutrition. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/2407766/
- Werner T, Kolisek M, Vormann J, Pilchova I, Grendar M, Struharnanska E, Cibulka M. (2019). Assessment of bioavailability of Mg from Mg citrate and Mg oxide by measuring urinary excretion in Mg-saturated subjects. Magnesium Research. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32162607/
- Pardo MR, Garicano Vilar E, San Mauro Martin I, Camina Martin MA. (2021). Bioavailability of magnesium food supplements: A systematic review. Nutrition. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34111673/
- Ates M, Kizildag S, Yuksel O, Hosgorler F, Yuce Z, Guvendi G, Kandis S, Karakilic A, Koc B, Uysal N. (2019). Dose-Dependent Absorption Profile of Different Magnesium Compounds. Biological Trace Element Research. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30761462/
- Schuchardt JP, Hahn A. (2017). Intestinal Absorption and Factors Influencing Bioavailability of Magnesium-An Update. Current Nutrition and Food Science. 13(4):260-278. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5652077/
- Blancquaert L, Vervaet C, Derave W. (2019). Predicting and Testing Bioavailability of Magnesium Supplements. Nutrients. 11(7):1663. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6683096/
- Pajuelo D, Meissner JM, Negra T, Connolly A, Mullor JL. (2024). Comparative Clinical Study on Magnesium Absorption and Side Effects After Oral Intake of Microencapsulated Magnesium (MAGSHAPE Microcapsules) Versus Other Magnesium Sources. Nutrients. 16(24):4367. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11677548/
- Comision Federal para la Proteccion contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). Tramites de suplementos alimenticios. Gobierno de Mexico (consultado en 2026). https://www.gob.mx/cofepris/acciones-y-programas/suplementos-alimenticios
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Consulta a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier régimen de suplementación, especialmente si estás embarazada, en período de lactancia, tomas medicamentos o padeces alguna condición médica. Los resultados individuales pueden variar.
Las referencias científicas citadas respaldan el carácter informativo de este artículo y no implican que los productos de Kóre Labs repliquen las condiciones exactas de los estudios referenciados.