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El magnesio nunca se toma solo. En cualquier suplemento viaja unido a un acompañante químico —óxido, citrato, cloruro, glicina— y ese acompañante decide cuánto magnesio elemental cabe en cada gramo, qué tan bien se disuelve y cuánto cuesta fabricarlo. Por eso el anaquel parece un catálogo interminable: no son veinte magnesios distintos, es un mismo ion con veinte parejas. La pregunta interesante no es cuál gana, sino qué compromiso químico representa cada una, y ahí la evidencia humana resulta más escasa y más ambigua de lo que sugiere el empaque.
El magnesio solo no cabe en un frasco
El magnesio metálico es un elemento reactivo: no es algo que se pueda encapsular. En el organismo funciona como catión divalente, Mg2+, y para llegar hasta ahí tiene que entrar acompañado de una carga negativa que lo neutralice. Esa es la razón estructural de que existan «formas»: no hay ninguna alternativa química a emparejarlo con algo.
La carga doble tiene además una consecuencia física. Jahnen-Dechent y Ketteler describen que, en disolución, el magnesio retiene su agua de hidratación con más fuerza que el calcio, el potasio o el sodio, de modo que el catión hidratado es difícil de deshidratar y resulta mucho más voluminoso que el ion desnudo; los autores lo cifran en unas 400 veces el radio [1]. Un ion grande y aferrado a su agua no cruza membranas con facilidad, y de todo el magnesio consumido en la dieta sólo se absorbe alrededor de 24 a 76 % [1]. El debate de las formas es, en el fondo, un intento de resolver ese cuello de botella.
Tres familias químicas, un mismo compromiso
Casi todo lo que se vende cae en tres grupos:
- Sales inorgánicas. Óxido, hidróxido, cloruro, sulfato, carbonato. El anión es simple y pesa poco, así que queda mucho espacio para el magnesio.
- Sales de ácidos orgánicos. Citrato, lactato, malato, gluconato, aspartato, pidolato. El anión es una molécula grande: aporta solubilidad y resta densidad de magnesio.
- Quelatos y complejos con aminoácidos. Bisglicinato (también llamado glicinato o diglicinato), acetil taurato. Aquí el acompañante es un aminoácido —glicina, taurina— y no un anión inorgánico ni el de un ácido orgánico.
Blancquaert y colaboradores resumen el compromiso sin adornos: las sales inorgánicas aportan una carga alta de magnesio elemental pero muestran una biodisponibilidad muy limitada como resultado de su pobre solubilidad, mientras que las orgánicas ofrecen niveles altos de solubilidad pero aportan niveles limitados de magnesio elemental [3]. Ese intercambio —densidad contra solubilidad— es el motor de la variedad: cada sal es una apuesta distinta sobre cuál de los dos lados conviene sacrificar.
El magnesio elemental que hay en cada sal
Esta parte no depende de ningún estudio: es aritmética. La masa atómica del magnesio equivale a 24.3 g/mol; basta dividirla entre la masa molecular del compuesto.
| Compuesto | Fórmula | Peso molecular (g/mol) | Magnesio elemental |
|---|---|---|---|
| Óxido de magnesio | MgO | 40.3 | ~60 % |
| Cloruro de magnesio anhidro | MgCl2 | 95.2 | ~26 % |
| Citrato de magnesio (trimagnésico) | Mg3(C6H5O7)2 | 451.1 | ~16 % |
| Bisglicinato de magnesio | C4H8MgN2O4 | 172.4 | ~14 % |
| Lactato de magnesio | C6H10MgO6 | 202.4 | ~12 % |
| Cloruro de magnesio hexahidratado | MgCl2·6H2O | 203.3 | ~12 % |
| Sulfato de magnesio heptahidratado | MgSO4·7H2O | 246.5 | ~10 % |
De ahí sale una lectura de etiqueta que casi nadie hace: 500 mg de óxido de magnesio equivalen a unos 300 mg de magnesio, mientras que 500 mg de bisglicinato equivalen a unos 70 mg. El número grande del frente del empaque puede ser idéntico y significar cosas muy distintas. Ojo: la tabla dice cuánto magnesio hay dentro del polvo, no cuánto termina absorbiendo el organismo. Son dos preguntas separadas, y la segunda es mucho más difícil de contestar.
Qué dice la evidencia humana cuando compara formas
La revisión sistemática más directa sobre el asunto es la de Pardo y colaboradores (2021), que partió de 433 estudios y se quedó con 14. Su resultado: las formulaciones inorgánicas parecen menos biodisponibles que las orgánicas, y el porcentaje de absorción depende de la cantidad administrada. Su conclusión es la parte que la publicidad omite: todos los suplementos dietéticos de magnesio pueden mantener niveles fisiológicos en personas sanas sin déficit previo, algo que los autores no pueden asegurar en personas mayores ni en quienes ya partían de niveles bajos [4].
El ensayo humano que más se cita en esta discusión es el de Walker y colaboradores (2003): 46 adultos sanos, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, en grupos paralelos, durante 60 días, con 300 mg diarios de magnesio elemental en tres formas (quelato de aminoácido, citrato y óxido). A los 60 días, las dos formas orgánicas mostraron mayor absorción que el óxido medida por excreción urinaria de 24 horas (P = 0.033); el citrato alcanzó la mayor concentración sérica media tanto en la toma aguda (P = 0.026) como tras 60 días (P = 0.006); y el óxido no se diferenció del placebo [5]. Conviene decirlo con todas sus letras, porque suele omitirse cuando estorba: en ese ensayo el quelato de aminoácido sí superó al óxido. Y conviene registrar igual el marcador que no se movió: la concentración media de magnesio eritrocitario no mostró diferencias entre grupos [5].
Y conviene decir también lo que estorba en el sentido contrario. Firoz y Graber (2001) midieron el incremento de excreción urinaria en voluntarios sanos que recibieron aproximadamente 21 mEq diarios de cuatro preparaciones comerciales estadounidenses. El óxido de magnesio salió con una absorción fraccional de 4 %; el cloruro, el lactato y el aspartato de magnesio resultaron equivalentes entre sí y superiores al óxido. Los autores concluyen que las sales inorgánicas de magnesio, según la preparación, pueden tener una biodisponibilidad equivalente a la de las sales orgánicas [6]. El cloruro de magnesio es inorgánico y quedó a la altura de las orgánicas: la dicotomía «orgánico bueno, inorgánico malo» no sobrevive al detalle.
Cuando alguien intenta ordenar toda esa literatura, el veredicto se vuelve incómodo. Schuchardt y Hahn, en su revisión de 2017, encuentran que algunos estudios muestran una disponibilidad ligeramente superior de las sales orgánicas frente a los compuestos inorgánicos —probablemente por diferencias de solubilidad—, mientras que otros no encuentran diferencias significativas entre sales, incluida la comparación de orgánicas contra inorgánicas; varios estudios de balance que midieron excreción urinaria de magnesio en humanos caen en este segundo grupo. Los autores añaden que los resultados difícilmente son comparables porque los diseños fueron diferentes, y que sigue sin estar claro qué forma de unión del magnesio produce la mayor biodisponibilidad [2]. Entre las razones: varios estudios no ajustaron —ni siquiera midieron— el estado de magnesio previo, los tiempos de recolección van de 2 a 24 horas y los parámetros de evaluación cambian de un trabajo a otro. A eso se suma la cantidad administrada, que por sí sola mueve el resultado: la absorción relativa fue de 65 % con 36 mg diarios y de sólo 11 % con 973 mg diarios, aunque la cantidad absoluta absorbida sí aumentaba con cada incremento [2]. Ninguna de estas cifras es una recomendación de consumo: describen lo que administraron los estudios citados.
Fuerza de la evidencia: moderada. Existen varios ensayos aleatorizados en humanos y una revisión sistemática, pero con heterogeneidad alta, muestras pequeñas, marcadores indirectos de absorción y ningún desenlace clínico como comparador.
El contraión no es un pasajero
La forma química no sólo modula cuánto magnesio entra: también trae su propio comportamiento. Ranade y Somberg lo plantean en su revisión farmacocinética: los distintos aniones unidos al catión magnesio —óxido, cloruro, gluconato, lactato— afectan la entrega de magnesio elemental al sitio de destino y con ello producen efectos farmacodinámicos diferentes [7]. En esa misma revisión el hidróxido de magnesio, otra sal poco soluble, figura como antiácido y como catártico. Mismo metal, otra pareja, otro comportamiento.
Y hay un segundo factor que la palabra «forma» esconde por completo: la tableta. La parte in vivo del trabajo de Blancquaert comparó productos comerciales, no sales puras —10 hombres sanos en la fase A, con diseño cruzado, doble ciego y controlado con placebo, y 30 personas (15 hombres y 15 mujeres) en la fase B—. La comparación entre productos que suele citarse proviene de la fase B, que los propios autores no pudieron cegar porque las tabletas se veían distintas y el número ingerido cambiaba entre días de prueba. Ahí, el suplemento que aportaba 196 mg de magnesio elemental por tableta (óxido de magnesio más glicerofosfato de magnesio) elevó más el magnesio sérico que el producto de óxido de magnesio que aportaba 450 mg de magnesio elemental (750 mg de óxido de magnesio al 60 %): +6.2 % con una tableta y +8.0 % con dos —esto es, 196 y 392 mg elementales frente a 450—, contra +4.6 % (p = 0.048 y p = 0.001, respectivamente). Los autores concluyen que la solubilidad de un suplemento pesa más para la biodisponibilidad in vivo que la carga de magnesio elemental, y que una disolución pobre in vitro se traducía en biodisponibilidad pobre in vivo [3]. Conviene matizarlo: en ese mismo estudio la excreción urinaria de magnesio no mostró diferencias entre productos ni en las primeras seis horas tras la toma ni en las 18 siguientes, de modo que el resultado descansa sobre un solo marcador. Cuando alguien afirma que «el citrato es mejor», casi siempre está comparando dos productos, no dos moléculas.
Las formas nuevas y lo que todavía no se ha demostrado
Cada temporada aparece una forma más: malato, acetil taurato, L-treonato. El argumento comercial suele ser que llegan mejor a un tejido concreto, y lo que hoy existe detrás de ese argumento es sobre todo trabajo preclínico. Ates y colaboradores (2019) compararon citrato, malato, acetil taurato y glicinato de magnesio en ratones Balb/c: el magnesio cerebral aumentó en todos los animales que recibieron acetil taurato de magnesio, y el citrato elevó el magnesio muscular y cerebral de forma independiente de la cantidad administrada [8].
La evidencia preliminar en roedores sugiere, entonces, que el acompañante químico puede cambiar a qué tejido llega el magnesio. Falta por demostrar justo lo que importa: que ese reparto tisular ocurra igual en personas y que se traduzca en algún resultado medible. No hay ensayos aleatorizados en humanos que comparen estas formas nuevas entre sí frente a un desenlace clínico.
Cómo se lee esto desde México
En México, los suplementos alimenticios no requieren registro sanitario: el responsable presenta un aviso de funcionamiento antes de operar, conserva la fórmula, la denominación de los ingredientes y el etiquetado original, y queda sujeto a verificación posterior de la autoridad [9]. La misma guía de COFEPRIS señala que un suplemento no puede anunciarse como terapia para padecimientos, ni atribuírsele la capacidad de modificar el estado físico o mental, ni presentarse como sustituto de una alimentación completa; y que la publicidad debe incluir la leyenda «Este producto no es un medicamento» [9]. Si te interesa cómo opera este esquema con otros ingredientes, lo desarrollamos en la guía de regulación de COFEPRIS.
La consecuencia práctica es directa: nada en ese esquema jerarquiza las formas químicas por mérito. La elección de la sal la hace el fabricante, y el único lugar donde el consumidor puede verla es la lista de ingredientes. El magnesio además se vende con frecuencia combinado con otros suplementos, y ahí la etiqueta esconde el mismo problema doble: qué sal se usó y cuánto magnesio elemental aporta esa cantidad.
Lo que este mapa no permite concluir
- No existe un ranking validado. No hay un ensayo aleatorizado que compare todas las formas entre sí frente a un desenlace clínico; lo que se compara son marcadores de absorción, y sigue sin estar claro cuál forma produce la mayor biodisponibilidad [2].
- Más absorción no equivale a más beneficio. Schuchardt y Hahn recuerdan que el magnesio no se almacena, sino que se retiene según la necesidad del momento, y que una mayor absorción va seguida en la mayoría de los casos de una mayor excreción [2].
- El punto de partida importa. La conclusión de la revisión sistemática se limita a personas sanas sin déficit previo; los propios autores no la extienden a personas mayores ni a quienes ya tenían niveles bajos [4].
- La forma química y el producto no son lo mismo. La disolución de la tableta puede pesar tanto como la sal elegida [3].
Preguntas frecuentes
¿Entonces el óxido de magnesio no sirve para nada?
Depende de para qué. Es la sal con más magnesio elemental por gramo (~60 %, por aritmética de su fórmula) y la más económica, y por eso domina las presentaciones de bajo costo. Como vehículo para nutrir es la que peor sale en los estudios de absorción: 4 % de absorción fraccional en Firoz y Graber [6] y ninguna diferencia frente al placebo a los 60 días en Walker [5]. Su baja solubilidad, que es un defecto para ese fin, no lo es para otros: en la revisión de Ranade y Somberg el hidróxido de magnesio —también poco soluble— figura como antiácido y catártico [7].
¿Por qué cada fuente da un porcentaje de absorción distinto?
Porque no miden lo mismo: unos usan excreción urinaria de 24 horas, otros magnesio sérico, otros magnesio eritrocitario o salival, con tiempos de recolección que van de 2 a 24 horas [2]. Y como la fracción absorbida cae al subir la cantidad administrada, dos ensayos con cargas distintas dan porcentajes distintos aunque la sal sea la misma [2].
Fuentes
- Jahnen-Dechent W, Ketteler M. (2012). Magnesium basics. Clinical Kidney Journal 5(Suppl 1):i3-i14. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4455825/
- Schuchardt JP, Hahn A. (2017). Intestinal Absorption and Factors Influencing Bioavailability of Magnesium-An Update. Current Nutrition & Food Science 13(4):260-278. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5652077/
- Blancquaert L, Vervaet C, Derave W. (2019). Predicting and Testing Bioavailability of Magnesium Supplements. Nutrients 11(7):1663. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6683096/
- Pardo MR, Garicano Vilar E, San Mauro Martín I, Camina Martín MA. (2021). Bioavailability of magnesium food supplements: A systematic review. Nutrition 89:111294. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34111673/
- Walker AF, Marakis G, Christie S, Byng M. (2003). Mg citrate found more bioavailable than other Mg preparations in a randomised, double-blind study. Magnesium Research 16(3):183-191. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14596323/
- Firoz M, Graber M. (2001). Bioavailability of US commercial magnesium preparations. Magnesium Research 14(4):257-262. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11794633/
- Ranade VV, Somberg JC. (2001). Bioavailability and pharmacokinetics of magnesium after administration of magnesium salts to humans. American Journal of Therapeutics 8(5):345-357. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11550076/
- Ates M, Kizildag S, Yuksel O, Hosgorler F, Yuce Z, Guvendi G, Kandis S, Karakilic A, Koc B, Uysal N. (2019). Dose-Dependent Absorption Profile of Different Magnesium Compounds. Biological Trace Element Research 192(2):244-251. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30761462/
- COFEPRIS. Trámites de suplementos alimenticios. Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, gob.mx. https://www.gob.mx/cofepris/acciones-y-programas/suplementos-alimenticios
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Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría médica, diagnóstico ni prescripción de tratamiento. Los suplementos alimenticios complementan la alimentación, no son medicamentos y no están destinados a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad.
Consulta a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier régimen de suplementación, especialmente si estás embarazada, en período de lactancia, tomas medicamentos o padeces alguna condición médica. Los resultados individuales pueden variar.
Las referencias científicas citadas respaldan el carácter informativo de este artículo y no implican que los productos de Kóre Labs repliquen las condiciones exactas de los estudios referenciados.